¿Puede ser una depresión?

En la entrada de hoy os acercaremos a un término muy utilizado por todos, aunque poco comprendido. La depresión es un trastorno afectivo, que se caracteriza por un estado de ánimo bajo la mayor parte del día, pérdida del interés y de la capacidad de disfrute.

La depresión es uno de los trastornos psicológicos más comunes y prevalentes en la población en general, además de ser uno de los más incapacitantes (Paykel, Brugha, y Fryers, 2005). Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en el 2030 será una de las tres causas principales de discapacidad en el mundo, lo cual resalta la importancia de conocerla y detectarla a tiempo.

Hombre Depresivo

¿Cómo la detecto?

Para hablar de que una persona tiene un trastorno depresivo mayor, será necesario que cumpla unos síntomas. Por una parte, como ya se ha comentado anteriormente, la depresión incluye el estado de ánimo deprimido, la pérdida del interés y placer por muchas actividades, la mayor parte del día. Por otra parte, además, es necesaria la presencia de algunos de los siguientes síntomas, durante al menos 6 meses:

  • Insomnio o hipersomnia (tener mucho sueño, más allá de lo habitual) casi todos los días
  • Agitación o lentitud motora (tanto subjetiva como objetiva, ya que otros lo observan)
  • Pérdida o aumento de peso, junto a un cambio en el apetito la mayoría de los días (no por dietas u otras causas).
  • Fatiga o pérdida de energía casi todos los días.
  • Sentimiento de inutilidad o culpabilidad excesiva (no sólo por reprocharse estar enfermo, sino porque observamos que es inapropiada y exagerada)
  • Disminución de la capacidad de concentración, dificultad para pensar con claridad y tomar decisiones, casi todos los días, y de forma observable.
  • Pensamientos de muerte, ideas de suicidio…

Si observas estos síntomas, puedes advertir a la persona de que está entrando en un estado depresivo, y que es importante buscar ayuda de un psicólogo.

Botón de alarma

Si la persona necesita ayuda pulsa el botón de alarma

 

¿Todas las personas la sufren igual?

Desde luego cada persona es distinta, pero conociendo estos síntomas básicos, podrás empezar a sospechar que esa persona necesita ayuda, aunque hay ciertos matices. La depresión no siempre aparece sola, sino que puede hacerlo junto a otros problemas psicológicos y físicos (Hasin, Goodwin, Stinson, y Grant, 2005; Kessler, Merikangas, y Wang, 2007). Por ejemplo, es habitual encontrar en personas un trastorno de depresión junto a uno de ansiedad o de abuso de sustancias (alcohol, nicotina, estimulantes…). También es muy frecuente, que enfermedades físicas crónicas puedan llegar a provocar una depresión finalmente.

En cuanto a los niños y adolescentes, el estado de ánimo bajo no es tan común como el irascible y con cierta agresividad. También es importante notar estos cambios en las personas mayores, ya que en ocasiones se refugian en su discapacidad o temor a las lesiones para esconder lo que en el fondo es una depresión. En estos casos, la pérdida de interés y placer puede ser el criterio clave para detectar el problema; si un niño deja de hacer lo que antes le gustaba o no lo hace voluntariamente, o si un anciano pierde el interés por las visitas, o deja de hacer alguna actividad que antes realizaba con entusiasmo, podemos sospechar que algún cambio está ocurriendo.

Y ahora qué hacemos

¿Qué puedo hacer?

Si observas que la situación se está alargando en el tiempo, y la persona no parece superarla por sí misma, el mejor consejo es que acuda a un profesional. Sin embargo, si has empezado a notar estos cambios puedes comenzar por ayudarle de la siguiente forma:

  • Busca información verídica y contrastada acerca de la depresión y muéstrasela. En ocasiones tener información acerca de lo que a uno le pasa puede ser el primer empujón para buscar una solución. Ésta debe ser sencilla por los posibles problemas de concentración y atención.
  • La tristeza se produce por una pérdida (laboral, de un ser querido, de la salud…) La persona ha perdido algo en su vida, y poco a poco está dejando todo lo que antes le gustaba y le reforzaba (salir con amigos, escuchar música, cocinar, leer…). Puedes empezar por hablar con ella acerca de la importancia de tener pequeñas motivaciones diarias y lograr (poco a poco) recuperarlas, aunque en ese momento no tenga demasiadas ganas.
  • Háblale sobre su visión negativa de la realidad. Procura ser comprensivo y estar calmado. En este momento la persona puede pensar que “no vale para nada”, que “nunca mejorará” o que “todo es horrible”. Puedes intentar ayudarle mostrándole cómo, el pensar de forma tan negativa, no le sirve para salir adelante. Explícale que los pensamientos tan negativos paralizan y producen más malestar. Nuestros pensamientos sólo nos cambian a nosotros mismos y nuestro comportamiento, no reflejan la realidad.
  • El ejercicio (caminar, yoga, nadar… no es necesario un ejercicio intenso) puede ser el mejor antidepresivo del que disponen las personas, ya que por sí mismo libera endorfinas (la conocida como hormona de la felicidad) y por tanto mucha tensión. Además la actividad física le ayudará a distraerse, a ocupar su tiempo y a romper la rutina, aprovechando poco a poco, para introducir otras actividades agradables.
  • Como último consejo, tu atención y apoyo son muy importantes. En un primer momento es lógico apoyar a la persona más cuando está triste, pero es más importante aún apoyarla cuando hace pequeños intentos por mejorar su estado de ánimo. De esta forma le reforzarás cuando quiera estar mejor, en lugar de cuando se encuentra peor, aumentando la probabilidad de que el intento de mejora se repita.

La Psicología posee un amplio conocimiento para el tratamiento de este trastorno concreto, por lo que no dudes en contactarnos para ayudar a alguien. La medicación puede ayudar a superar el primer bache, pero aprender a manejar los estados emocionales es la solución para disminuir la probabilidad de recaída y conocerse mejor.

Firma Entrada Cinthya

Bibliografía

  • American Psychiatric Association. (2013) Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders. Fifth Edition. DSM-5.
  • Cano A., Salguero J.M., MaeWood C., Dongil E. y Latorre J.M. (2012) La depresión en atención primaria: prevalencia, diagnóstico y tratamiento. Papeles del psicólogo, 33 (1), 2-11.
  • Carrobles J.A. (2011) Trastornos depresivos. En V. E. Caballo, I. C. Salazar y J.A. Carrobles (dirs.), Manual de Psicopatología y Trastornos Psicológicos (pp. 307-329). Madrid: Pirámide.
  • Hasin D. S., Goodwin R. D., Stinson F. S., y Grant B. F. (2005). Epidemiology of major depressive disorder: results from the National Epidemiologic Survey on Alcoholism and Related Conditions. Archives of General Psychiatry, 62, 1097–1106.
  • Kessler R. C., Merikangas K. R. y Wang P.S. (2007). Prevalence, comorbidity and service utilization for mood disorders in the United States at the beginning of the twenty-first century. Annual Review of Clinical Psychology, 3, 137-158.
  • Paykel E.S., Brugha T., y Fryers T. (2005). Size and burden of depressive disorders in Europe. European Neuropsychopharmacology, 5, 411–23.