Me duele la espalda

Pensando sobre que escribir en esta entrada, me vino a la mente algo que nos llega a consulta cada día y que además es uno de los mayores problemas de salud pública de nuestros tiempos, ya que es la causa más frecuente de limitación de la actividad y de ausencia al trabajo, generando un enorme gasto en individuos, familias, comunidades, empresas y gobiernos1: la lumbalgia inespecífica.

Además, mucha de la información la tenía reciente, ya que hace poco, FisioLab organizó una formación sobre “Dolor lumbar Inespecífico”, teniendo como ponente a Javier Aguilera Santacruz (@FisioStacruz), y de la que pudimos disfrutar  varios compañer@s.

El dolor lumbar se define como dolor localizado entre la 12ª costilla y el pliegue glúteo inferior, con o sin dolor en la pierna2. El 85% de este es dolor lumbar es inespecífico según Wadell (2004); definiendo este dolor lumbar inespecífico como dolor “mecánico” de origen musculoesquelético y con síntomas variables con la actividad física, puede estar relacionado con un tirón muscular, aunque normalmente comienza espontáneamente; puede ser muy doloroso, aunque su intensidad no aporta nada al diagnóstico3.

Dolor lumbar

El dolor lumbar tiene una gran prevalencia, hasta el 36% de la población lo sufre cada año4, de los que entre el 10 y el 20% se harán crónicos5. Aún así, un alto porcentaje tendrá una resolución espontánea entre 6 y 12 semanas.

Normalmente la presentación clínica que solemos encontrar es un paciente con buen estado de salud  entre 20 y 55 años de edad, con dolor mecánico en la región lumbosacra, glúteos y piernas que varía con la actividad física y con el tiempo.

Dentro de esta presentación inespecífica entran gran variedad de condiciones y subtipos, lo que complica mucho el diagnóstico. De hecho, para un diagnóstico correcto y tratamiento eficaz habría que dividirlo en diferentes subcategorías diagnósticas. Los intentos han sido múltiples, pero al final todos tienen pros y contras que hacen necesario el seguir intentándolo. Se han planteado desde clasificaciones basadas en el movimiento o en el tratamiento a psicosociales; aunque en la actualidad el enfoque que parece tener menos limitaciones es el biopsicosocial,  que más que una subclasificación es una guía de abordaje a través de un algoritmo de toma de decisiones.

Se ha observado que se producen cambios y alteraciones en la musculatura estabilizadora, tanto a nivel microscópico como de su función. Todos estos cambios se producen de manera inmediata al dolor lumbar (Hides et al. 1992; Dickx et al. 2010) y persisten tras la resolución de los síntomas de forma espontánea (Hides et al. 1996). Lo que se relaciona con la recurrencia y cronicidad del dolor lumbar, e incide en la importancia de comenzar con el tratamiento lo antes posible.

Reloj de Arena

Además, hay que unir las alteraciones provocadas por movimientos repetitivos y/o posturas mantenidas que están relacionadas con cambios en longitud y/o flexibilidad muscular; lo que puede provocar la sobrecarga del tejido que puede traducirse en la aparición de dolor.

De igual forma se producen alteraciones sensorio-motoras como son:

  • Dificultad para sentir la posición lumbar o reposicionarla (Gill & Callaham, 1998; Taimela et al. 1998; Brumagne et al. 1999).
  • Alteraciones del control postural y el equilibrio (Leinanen, 2003).
  • Déficits en la propiocepción, (O´Sullivan et al. 2003).
  • Sensación de gran esfuerzo ante esfuerzos de baja intensidad mantenidos (Comeford, 2001).
  • Cambios en el orden de activación de las motoneuronas ante un déficit en los inputs musculares (Grimby y Hannerz, 1976).
  • Alteración esquema corporal (Wand et al. 2012).

Además hay una gran evidencia de que factores como el estrés, la depresión, factores conductuales, creencias, expectativas, miedo, kinesiofobia, etc., son predictivos de un futuro episodio de dolor lumbar (O’Sullivan 2014).

Esto hace que nuestro abordaje en esta patología tenga que utilizar diferentes herramientas terapéuticas, como la educación para el dolor, la terapia manual, la intervención en factores de riesgo, los cambios en los hábitos de vida y el ejercicio terapéutico, todo ello partiendo de una buena anamnesis, a fin de intentar llegar a un éxito terapéutico.

 Firma Entrada Rober

Agradecimientos:

A Javier Aguilera Santa Cruz por la magnífica información actualizada sobre el tema que nos ofreció.

Bibliografía:

  1. Hoy D, Brooks P, Blyth F, Buchbinder R. The Epidemiology of low back pain. Best Practice & Research Clinical Rheumatology. 2010 Dec;24(6):769–81.
  2. Krismer M, van Tulder M. Low back pain (non-specific). Best Practice & Research Clinical Rheumatology. 2007 Feb;21(1):77–91.
  3. Waddell G. The back pain revolution. 2nd ed. Edinburgh ; New York: Churchill Livingstone; 2004. 475 p.
  4. Delitto A, George SZ, Van Dillen LR, Whitman JM, Sowa G, Shekelle P, et al. Low back pain. J Orthop Sports Phys Ther. 2012 Apr;42(4):A1–57.
  5. Airaksinen O, Brox JI, Cedraschi C, Hildebrandt J, Klaber-Moffett J, Kovacs F, et al. Chapter 4 European guidelines for the management of chronic nonspecific low back pain. European Spine Journal. 2006 Mar;15(S2):s192–300.